Tierra Lejana-- Página de Hernán Maldonado




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Domingo 23 de octubre del 2005


SIN MARGEN PARA EL OPTIMISMO

Por Hernán Maldonado

Estos días, después de muchos años en la observación del acontecer nacional, debo confesar que tengo muy pocas razones para mantener el optimismo en el futuro del país. Hay momentos en que pienso que estamos condenados al atraso, la ignorancia, la pobreza, no sólo material, sino espiritual. Quizás esto mismo piensan los compatriotas que todos los días se llevan sus esperanzas más allá de nuestras fronteras.

Parece que siempre estuvieramos a fojas cero. Es decir, que todo hay que hacerlo de nuevo. Empezar otra vez. Por eso es que crecen las demandas para la Asamblea Constituyente para "refundar" el país.

Pero ¿cuántas veces desde 1825 hemos refundado Bolivia para estar en las mismas? ¿Cuántos presidentes se han sucedido los unos a los otros con la promesa del "ahora si"?

Nada parece salirnos bien en materia política. Las promesas duran como los fuegos de artificio, las frustraciones crecen como una bola de nieve y se transmiten de generación en generación y hasta hay quienes impávidamente, a modo de justificativo, enarbolan la frase conformista de "así nomás es".

Por ejemplo, en las más recientes elecciones Bolivia llevó al parlamento por primera vez en su historia a una nutrida representación de lo que alegre y demagógicamente se denominan "pueblos originarios". ¿Cualitativamente avanzamos en algo?

Nunca en los anales de parlamento boliviano se ha visto mayor fracaso que el de la actual legislatura. Y la gente lo ha entendido así. Por eso es que en junio la poblada quiso quemar el Congreso, ya sea en La Paz o en Sucre.

Y no sólo son los legisladores, a los que ostentosa y abusivamente se les llama "honorables", sin que ellos se ruboricen, sino el Poder Ejecutivo. ¿Cuántos presidentes hemos tenido en los ultimos años de esta joven democracia boliviana que puedan salir a la calle con la frente en alto? ¿Y cuántos magistrados de la Corte Suprema de Justicia o del Tribunal Constitucional podrían esquivar dedos acusadores?

La guinda de la torta son los tres últimos años en que hemos retrocedido en todos los aspectos o ¿hay algo verdaderamente que haya inflado nuestro pecho nacionalista?

Mientras nuestros vecinos avanzan, aun con tropezones, nosotros estamos como esos perros que dan vueltas en el mismo sitio buscando morderse la cola. Por eso ha crecido la rivalidad oriente-occidente con sus matices racistas por lo que los conflictos ya no son meramente regionales sino que se han convertido en una crisis de alcance nacional.

En medio del despelote se dilata la solución de problemas urgentes, como aquel de qué hacer con el gas. Somos nomás el mendigo que estira la mano, pese a que bajo el colchón tiene una fortuna.

Y hasta nos distraemos con tonterías como la "invasión" de marines estadounidenses desde una base militar en Paraguay, una teoría que ha sido puesta a circular en internet en diferentes versiones desde que el catedrático brasileño marxista de Historia, Luis Moniz Bandeira, denunciara el acuerdo militar entre Asunción y Washington firmado el 5 de mayo pasado.

Ahora estamos encallejonados en la disyuntiva de si vamos a las elecciones en diciembre o si las postergamos. Si hay elecciones, la dispersión del voto hará que se repitan lo que ya son viejas historias de componendas asquerosas. Si no las hay, el panorama de violencia de cierne en el país.

Pero aun si ocurriera lo mejor, entraremos en una fase pre-Asamblea Constituyente, con sus tiras y aflojas, que nos mantendrán ocupados y embochinchados por un largo tiempo, mientras como mendigos seguiremos estirando la mano porque somos incapaces de resolver la forma de manejar esa fortuna que tenemos bajo el colchón.





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