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Martes, 24 de marzo de 1998


BOLIVIA VOLVERA AL PACIFICO
SOLO CON SU PROPIO ESFUERZO

Por Hernán Maldonado


Miami - La Organización de los Estados Americanos (OEA) resolvió inscribir en su agenda de la conferencia de cancilleres de junio, a realizarse en Caracas, el tema de la mediterraneidad de Bolivia, lo que significa un triunfo diplomático de factura indudable.

Pero, una vez más, no hay que hacerse ilusiones con lo que pueda ocurrir en Venezuela. Han pasado 19 años desde la histórica reunión de la OEA en La Paz y el organismo ha sido incapaz de hacer cumplir la resolución que instaba a Chile y Bolivia a solucionar el problema que "perjudica al desarrollo de la integración latinoamericana".

En las actuales relaciones internacionales, lamentablemente, pareciera pesar la ley del más fuerte. Y ser más fuerte no sólo significa tener el poder material, sino el poderío tecnológico, la preparación intelectual.

¿Creen que no es así? Vean por ejemplo como las Naciones Unidas, hasta ahora y desde 1967 son incapaces de hacer que se cumpla su resolución que ordena a Israel devolver a Siria las Colinas de Golan tomadas en la guerra de los Siete Días. Vean como la tecnología japonesa tiene en jaque a la industria electrónica norteamericana. Vean como Cuba, media muerta de hambre, exporta ahora su revolución enviando a sus médicos y técnicos deportivos a los países del tercer mundo y … pare de contar.

Y seamos sinceros. La FIFA tiene más poder que la OEA y la ONU para hacer cumplir sus resoluciones. ¿Se acuerdan como sancionó a Chile por la "payasada" del arquero "El Cóndor" Rojas en el Maracaná, excluyendo a ese país de las eliminatorias de la Copa EU94? Ni el llanto de todo un país conmovió a la rectora del balompié mundial.

Pero obviamente en todo lo relacionado con la causa marítima boliviana uno tiene que tener el máximo cuidado, porque uno que no siga la corriente patriotera corre el riesgo de ser llamado antiboliviano.

A propósito, el 20 de marzo en El Diario, con la firma de Rafael Fonnegra Gerlein, se publicó un artículo (La mediterraneidad mental) que coincide con una posición personal que nació en los días en que hacía mi servicio militar.

A principios de los años 60 en el gélido altiplano andino comandaba una escuadra en las cercanías de la frontera con Chile. Recogíamos leña para la cocina del cuartel. Al regreso nos topamos con una patrulla chilena. Sus miembros llevaban kerosén para sus cocinas. Portaban metralletas. Nosotros teníamos Mausers. Todos ellos hablaban español. Yo era el único en mi grupo. El que los comandaba sacó de su camioneta un pico y una pala al ver que mis camaradas arrancaban la leña a golpe de bayoneta o con sus manos.

En la cortesía yo percibí claramente un sentido de superioridad.

En los años que siguieron comprobé eso mismo en otros campos. Sólo cuando uno les demuestra que puede competir con ellos de igual a igual es cuando nos prestan atención.

Recuerdo una anécdota. Fue en la misma conferencia de cancilleres de la OEA en La Paz cuando cubrí la cita como periodista de la United Press International. El artífice del gran triunfo fue Walter Guevara Arze, temido por la diplomacia chilena como el único boliviano que podía derrotar en un debate nada menos que a Pedro Daza, el pontífice de la tesis de que Chile no le debe nada a Bolivia.

Los delegados de la OEA estaban todavía en La Paz ese 31 de octubre de 1979, cuando al amanecer del día siguiente la soldadesca encabezada por Alberto Natusch y el ideólogo de ese alzamiento, Guillermo Bedregal Gutiérrez, desalojó de la presidencia a Guevara Arze. En el mundo, el maldito golpe de estado encontró más eco que la resolución que había tomado la OEA. Quizás por eso se durmió 19 años.

Bien, la OEA volverá a analizar el tema. Repito, no hay que hacerse ilusiones.

Yo lo que espero es una catarata de discursos y promesas bonitas y sigo creyendo que lo que hay que hacer es tener un sólo discurso, una sola política marítima. Debe insistirse en la carrera diplomática (Un chileno que desde hace añales es embajador en la ONU acaba de ser designado presidente de la Organización Mundial del Trabajo). Que no vuelva a repetirse lo que ocurre cada nuevo gobierno (el actual no es la excepción): el cambio masivo de "embajadores". Lo encomillo porque el 80 por ciento de ellos no pasaría un elemental examen de derecho internacional público.

Esta semana, cuando se cumple 119 años del enclaustramiento del país, se ha recopilado ocho compromisos que Chile no ha cumplido desde 1900. La única manera de obligarle es igualándonos en tamaño. Así nos escuchará, porque sabrá a ciencia cierta que podemos enojarnos…

No quiero terminar esta nota sin invitarles a que lean el artículo que les mencioné antes y con el que me identifico plenamente.

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