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Miércoles 4 de noviembre de 1998


¿HAY UNA NUEVA POLITICA MARITIMA?

Por Hernán Maldonado


Miami – El canciller Javier Murillo reveló en exclusiva este lunes al Canal PAT que su despacho tiene pensado iniciar una gestión con países "amigos de una solución" para, eventualmente, canalizar un diálogo chileno-boliviano encaminado a solucionar nuestro enclaustramiento marítimo.

La idea, según Murillo, es buscar algún método análogo al que condujo a Ecuador y Perú a solucionar el mes pasado un añejo problema limítrofe que por décadas mantuvo a los dos vecinos en pie de guerra. Puntualizó que éste acuerdo "es un faro de referencia" en relación con el objetivo que busca Bolivia.

Murillo admitió que Bolivia carece de una "política de Estado" en relación al tema. En cierta forma, Murillo esbozó lo que podría ser una nueva manera de proceder, pero que todavía necesita madurar antes de ponerse en ejecución. Y ojo, demandará muchos años.

Encontrar países "amigos de una solución" no será tarea difícil, especialmente del lado boliviano. Para empezar, Venezuela tiene una línea de apoyo casi incondicional a Bolivia. Otro tanto ocurre con Uruguay, desde la política esbozada hace años por su canciller Leandro Otero Mora.

El problema fundamental a solucionar a priori será el que Chile esté dispuesto a negociar porque Santiago asegura que, según su actual política exterior, no tiene nada pendiente con Bolivia. Con sólo obligarle a sentarse en una mesa de diálogo habríamos dado un gran paso.

La posición de Murillo es un cuarto de conversión a la conducta esgrimida por el gobierno desde que tomó el poder en agosto de 1997. Es decir, buscar el diálogo, la negociación, en lugar de la confrontación. El tono desafiante e inoportuno del presidente Hugo Bánzer Suárez llevó a Chile a endurecer su postura.

Ese tono, completamente retórico, fue bien recibido en Bolivia por los patrioteros de siempre, los generales sin tropa y los doctores sin clientela, pero a los efectos prácticos, para lo que verdaderamente cuenta en el plano internacional, lo que ocurrió es que se perdió miserablemente el tiempo.

Para la nueva política que esboza Murillo, hará falta la convocatoria a expertos diplomáticos bolivianos en la materia, a todos aquellos que han sido proscritos por el actual régimen para dar paso a parientes y amigotes que vegetan en las embajadas y consulados bolivianos en el exterior, salvo contadas excepciones.

Tan cierto es esto que con motivo del acuerdo peruano-ecuatoriano las páginas de los diarios del mundo se llenaron con despachos de las agencias noticiosas internacionales sosteniendo equivocadamente que se había "solucionado el último conflicto territorial en América Latina".

Esta debía haber sido la gran oportunidad para que Bolivia, a través de sus consulados y embajadas en todas partes donde aparecieron esas notas, le hiciera saber al mundo la falsedad de la aseveración y dejar en claro que la herida que le infligió Chile a Bolivia aún está abierta.

Pero no ocurrio nada. Todos callados. ¿Por qué? Simplemente por la incapacidad rampante en nuestras legaciones extranjeras. ¿O es que nuestros "diplomáticos", a parte de sellar visas y asistir a los cócteles, no leen ni los periódicos?

Pero no es todo.

Este fin de semana el consulado de Bolivia en Santiago de Chile fue asaltado aparentemente por delincuentes comunes. Una legación de este tipo, tan o más importante que la de Washington, ¿no tenía un servicio propio de vigilancia las 24 horas del día?

La cancillería informó que los ladrones cargaron casi con todo – inclusive dos cajas fuertes que al ser arrastradas quebraron las gradas de mármol de la oficina – "excepto documentacion confidencial y secreta".

¿O sea que esa documentación "confidencial y secreta" no estaba en las cajas fuertes? ¿No es esto ridículo?

¡Vamos señor Murillo! Su idea no es mala. Ningún intento para que nos devuelvan nuestro Litoral será vano, pero usted, como diplomático de carrera que es, lo primero que debe hacer es integrar su equipo con hombres que saben de esta materia despidiendo a todo ese regimiento de incapaces que pueblan nuestras legaciones en el exterior al amparo del nepotismo, el amiguismo y la partidocracia.