La hipocresia política




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Miércoles 22 de agosto 2012


LA HIPOCRESIA POLITICA

Por Hernán Maldonado

Estos días he sentido nauseas al ver tanta hipocresía en los izquierdistas de nuevo cuño, indignos sucesores de aquellos que, equivocados o no, exponían el pellejo en las calles o la montaña.

Su lema era: “Ante la mentira reaccionaria, la verdad revolucionaria”. Algunos periodistas sentíamos oculta simpatía con ellos. En papelitos ocultos en basureros, nos enteraban de hechos que los mandamases de turno nos ocultaban.

Así supimos e informamos de lo que le ocurrió a Loyola Guzmán en el Ministerio de Gobierno, cómo fue ajusticiado Honorato Rojas, el campesino que traicionó al Ché Guevara, o cómo fue emboscado el “Inti” Peredo.

Los que se jactan de seguir a esos revolucionarios, ahora en función de gobierno, han dejado enanos a aquellos burócratas “reaccionarios”. Les superaron en las mañas. Son artistas de la mentira y la hipocresia.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, que persigue a periodistas, los expulsa de sus ruedas de prensa, enjuicia a medios y exilia a sus directivos, aparece como el adalid de la libertad de expresión.

Junto con sus colegas de Venezuela, Nicaragua y Bolivia amenaza con graves consecuencias si el Reino Unido no le otorga salvoconducto a Julián Assange, el fundador de WikiLeaks, asilado en su embajada en Londres.

Hugo Chávez virtualmente ha dado un ultimátum exigiendo salvoconducto para Assange. Olvida que el líder estudiantil Nixon Moreno estuvo asilado dos años en la Nunciatura de Caracas sin que se le permitiera salir al exilio.

Bandas chavistas atacaban cotidianamente el edificio de la Nunciatura. Assange, reclamado en Suecia por delitos comunes, se permitió el pasado fin de semana ofrecer una rueda de prensa desde un balcón de la embajada ecuatoriana.

Si Moreno hubiera hecho lo mismo en Caracas, le habrían metido un balazo. Chávez aseguró que era un delincuente común. El líder estudiantil fue acusado de haber violado a una mujer policía durante disturbios en la Universidad de Los Andes.

La mujer supuestamente perjudicada negó que hubieran ocurrido los hechos como los presentó el ministro del Interior Tarek El Aissami, antiguo rival de Moreno por el liderazgo estudiantil.

Moreno escapó de la Nunciatura y se refugió en Perú y esta semana Chávez ordenó que se reactive su extradición, pese a que Interpol determinó que no hay méritos para su detención y eventual deportación.

En Bolivia, el senador Roger Pinto, tenazmente perseguido por el gobierno, decidió asilarse en la embajada de Brasil y está aún allí a la espera de salvoconducto.

El delito de Pinto ha sido exigir que se investigue los supuestos vínculos del ex ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, con el general René Sanabria, ex jefe de inteligencia y ex zar de la lucha contra las drogas en Bolivia, condenado a 15 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico.

Pinto también exigió investigar a los responsables de la emboscada en el Hotel Las Américas de Santa Cruz, donde murieron el 16 de abril del 2009 tres extranjeros, supuestamente confabulados para matar al presidente Evo Morales.

Todo esto creo que es lo que causó mis nauseas. Negadores de salvoconductos, ahora encarnizados defensores del derecho de asilo. ¿Qué tal?

¿O será haber visto el empeño por ir a vivir a Nueva York y con cargo diplomático, a Llorenti, quien paradójicamente se presenta en su cuenta de Twitter como “Revolucionario, antiimperialista, anticapitalista y anticolonialista”.