Tierra Lejana-- Página de Hernán Maldonado




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Domingo 7 de mayo del 2006


POR LAS CRUCES DEL CHACO

Por Hernán Maldonado

El 13 de marzo de 1937 el general David Toro nacionalizó por primera vez el petróleo de manos de la Standard Oil Co. en honor de los 50.000 soldados bolivianos muertos en la guerra contra el Paraguay. Fue el inicio de lo que los historiadores llaman el "socialismo militar" en Bolivia.

El general Alfredo Ovando Candia, en 1969, volvió a nacionalizar esa riqueza de manos de la Gulf Oil, también en honor de las cruces del Chaco. Ya casi no hay sobrevivientes de ese conflicto y ahora acabamos de asistir a la tercera nacionalización y al mismo homenaje.

Es difícil no estar de acuerdo con la medida, sobre todo en esta época en que los precios del petróleo y el gas andan por las nubes y brasileños y argentinos, nuestros principales clientes, se empeñan con tacañeria en pagarnos poco más de tres dólares el millar de pies cúbicos de gas, cuando en el mercado internacional el precio es más del doble.

La nacionalización (creo que el termino más apropiado es estatización, porque constitucionalmente esos bienes jamás han dejado de ser nacionales), aunque promesa electoral de Evo Morales, no es sino el cumplimiento del deseo expresado por el pueblo boliviano en el referendo que sobre el tema realizó el gobierno de Carlos D. Mesa.

Los discutible es si estamos ante una verdadera nacionalización/estatización. En 1937 y 1969 el Estado asumió el control de los yacimientos. Ahora, aunque se anuncia una nacionalización absoluta, en los efectos prácticos no hay tal, porque hay un lapso de 180 días para renegociar contratos, buscar acomodos, acuerdos, entendimientos con los eventuales "expropiados".

Por eso es que internacionalmente cayó muy mal el que los militares hicieran esa demostración de fuerza ante compañias que siguen operando "normalmente", por lo menos hasta que se cumplan los plazos establecidos.

Al respecto el experto Eddie Ramírez se pregunta: ¿Había necesidad de que los militares tomaran las instalaciones? ¿Acaso Petrobras o la Repsol se las iban a llevar o tenían intenciones de sabotearlas?¿ Era necesario insultar a esa empresas, cuando las condiciones operacionales e impositivas fueron aprobadas por los propios bolivianos? ¿Le da algún valor agregado ese discurso sobre soberanía y dignidad y las acusaciones de que el gobierno destapará las "cajas negras" de las empresas?

Si al cabo de los seis meses hay una expropiación total, Bolivia, según los expertos necesitará de unos 8.000 millones de dólares para las correspondientes indemnizaciones, lo que no sería mayor problema a largo plazo si se mantienen los precios altos.

Otros son los problemas. El principal es que a la bolivianidad se le hecho creer que los frutos de la nacionalización están a la vuelta de la esquina y que mañana mismo, esta vez como corolario de la refundación del país vía Asamblea Constituyente, vamos a nadar en la abundancia. ¿No se dijo lo mismo el 36 y el 69?

Difícil será reemplazar de la noche a la mañana a los ingenieros brasileños, por mucho apoyo que provenga de la PDVSA venezolana que, por cierto, se debate entre mediocridades tras el despido de 20.000 empleados calificados el 2002, como lo prueba la baja ostensible de la producción desde entonces y la cadena de accidentes laborales.

Y hablando de Venezuela, ¿será conveniente que su gobierno sea nuestro padrino nacionalizador teniendo en cuenta que Hugo Chávez será rival en nuestro mercado natural con la construcción del gasoducto de 10.000 kilómetros hasta Argentina y Brasil?

Lo ocurrido la semana pasada ha sido, además, una ruda lección para nuestros pichones de políticos que ayer nomás se llenaron la boca con su discurso antiglobalización. En cuestión de horas se percataron que Bolivia no es una isla. El decreto nacionalizador reverberó en la bolsa de Nueva York, llenó de "honda preocupación" a España, irritó severamente a Brasil, molestó a Argentina, Canadá anunció que no invertirá más en mineria si no ve reglas más claras y la Comunidad Europea criticó acerbamente la movilización militar en torno a los yacimientos hidrocarburíferos.

Itamaraty por primera vez en muchos años se sintió burlada porque Morales, el "hermano menor" de Lula, le había asegurado que los intereses de Petrobras serían respetados. El canciller Celso Amorin fue llamado de urgencia de Europa. El presidente Lula se irritó porque no se le alertó. Supuso que Chávez, su "amigo del alma", sabía que sus asesores le anticiparon el peso de la mano que venía porque ayudaron en la redacción del decreto.

Ante la rabieta de Lula, Chávez optó por convocar a la reunión conciliatoria de Puerto Iguazú, previa apresurada escala en La Paz para rayar la cancha. En la cita cuatripartita, sonrisas aparte y el reconocimiento del derecho de Bolivia a disponer de sus recursos naturales, faltaba más, se decidió que Brasil y Argentina seguirán sus negociaciones con Bolivia respecto a sus intereses bilaterales. Lo que no se sabe es por cuánto más sacó la chequera Chávez para lograr las sonrisas de Lula y Kirchner, en la actualidad grandes socios comerciales de Venezuela.

Mientras tanto se abrió un compás de espera hasta el 18 de agosto cuando habrá una nueva reunión, incorporando a Perú, Chile, Paraguay y Uruguay para redondear el anillo energético en el que Chávez se cree el hueco del buñuelo. ¡Que viva la globalización!





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