Tierra Lejana-- Página de Hernán Maldonado




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Domingo 6 de agosto del 2006


LA BOFETADA INTERNACIONAL

Por Hernán Maldonado

El canciller David Choquehuanca puede llamarle cualquier cosa, pero la bofetada internacional que acaba de recibir el gobierno de Bolivia tiene las características de una calamidad pública.

En todas las circunstancias es terrible y doloroso que los invitados le dejen a un huésped con la mesa servida. Tratándose de un gobernante, es humillante. Eso es lo que acaba de ocurrir con la inasistencia de media docena de presidentes latinoamericanos a la instalación de la “histórica” Asamblea Constituyente.

Como fichas de dominó, uno tras otro, pese a que habían comprometido su asistencia, todos le sacaron diplomáticamente el cuerpo a Evo Morales. Los más, lo hicieron apenas se enteraron de las amenazas antidemocráticas de su colega boliviano de “cerrar el Congreso”.

Aunque después llegaron las aclaratorias, lo dicho por Morales en su discurso en Ucureña el 2 de agosto no tenía remedio. Y es que nuestro presidente no quiere recordar el viejo dicho: “Piedra y palabra suelta, no tienen vuelta”.

Morales sigue actuando como un dirigente sindical y no como un mandatario. El Jefe de Estado tiene que cuidar sus palabras. Lo que dice o hace compromete al país, no sólo al Chapare.

Hace unas semanas, en lo más ardoroso del debate abierto por su ministro de Educación, Félix Patzi, trató de calmar los exaltados ánimos proclamando públicamente su “catolicismo”, olvidándose que el 22 de enero se juramentó como presidente de Bolivia obviando, por primera vez en la historia, el signo de la cruz y alzando altivo el puño izquierdo.

Contra estos “católicos” ya nos alertaba hace muchísimos años San Padre Pío de Petralcina: “Falsa es la religión de aquellos que dicen amar a Dios y no controlan su lengua”.

Hasta en esto nuestros gobernantes están copiándole al pie de la letra a Hugo Chávez. El autócrata venezolano empezaba sus peroratas dominicales alzando un crucifijo. No obstante aplaudia abiertamente el aborto, buscó eliminar la educación católica y sólo se refrenó cuando la sociedad civil salió a la calle al grito de: “Con mis hijos no te metas”.

Las gigantescas movilizaciones populares del 2001 fueron atribuidas al Cardenal Rosalio Castillo y a Monseñor Baltazar Porras, contra quienes el verbo presidencial se estrelló implacable. Chávez pidió públicamente “un exorcismo” para ambos prelados. “Diablos con sotanas”, los insultó.

Pero la noche de su fugaz derrocamiento el 11 de abril del 2002, el que hasta horas antes lucía soberbio, no quiso dejar el Palacio de Miraflores sino era acompañado por el Cardenal Antonio Ignacio Velasco, sobre cuyas sotanas imprimió sus lágrimas y detritus nasales.

Los “catolicos” de verdad y los ocasionales (¿o ya se olvidaron las veces que como sindicalistas tocaron las puertas de la Iglesia?), y más en función de gobernantes, creo que deberían empezar sus jornadas como lo hacía Juan Pablo II.

El venerado Papa nos dejó esa joya de oración con la que iniciaba sus jornadas diarias y que comienza así:

¡Oh Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo. Inspírame siempre en lo que debo pensar. Lo que debo decir, cómo debo decirlo. Lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer... Espíritu Santo, dáme agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar... Amén





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